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La discordia del petróleo en el Kurdistán iraquí
Par Abir Taleb
Mondialisation.ca, 28 juillet 2009
À l'Encontre 28 juillet 2009
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Desde la caída del régimen de Sadam Husein en 2003 ha surgido un nuevo reparto regional en Kurdistán. Esta región autónoma, que goza de importantes riquezas petrolíferas, es el centro de todas las envidias, mientras que Iraq está todavía lejos de la estabilidad política y de la coexistencia pacífica entre sus diferentes comunidades étno-religiosas. Recientemente, con la retirada de las fuerzas estadounidenses que aseguraban la protección del Kurdistán iraquí, no hay que descartar el peligro de que se caldeen los ánimos entre las comunidades.

Pero aunque sólo sea provisionalmente, los kurdos han tratado de calmar las tensiones decidiendo aplazar el referendum sobre la constitución kurda, un texto que no gusta nada a las comunidades árabe y turcomana de Iraq dado que prevé incluir unas regiones mixtas al norte de Kurdistán. El presidente del parlamento kurdo, Adnane Al-Mufti, anunció el lunes 13 de julio este aplazamiento hasta una fecha indeterminada. Según Al-Mufti, el presidente del Kurdistán iraquí, Massud Barzani, deberá fijar esta fecha de acuerdo con el parlamento.

La tensión generada por la adopción el pasado 24 de junio de la futura constitución kurda por parte del parlamento kurdo hizo necesario este aplazamiento. El referendum se había previsto inicialmente para el 25 de julio, es decir, el mismo día de las elecciones generales kurdas. Ahora buen, el pasado 6 de julio la Comisión Electoral iraquí afirmó que no se podía organizar un referendum sobre la constitución kurda el mismo día de las elecciones argumentando que se pondría en entredicho la “credibilidad”. Propuso aplazar el referendum hasta agosto, lo que en un primer momento rechazó el parlamento kurdo.

Por consiguiente, la tensión no ha hecho sino aplazarse lo mismo que se ha aplazado el referendum. En efecto, los puntos de desacuerdo siguen siendo los mismos. El texto adoptado el pasado mes de junio prevé unir al Kurdistán tanto la provincia de Kirkuk como los gobernorados de Nínive y Diyala. Esto ha provocado la cólera de las comunidades árabe y turcomana del país, que acusan a los kurdos de que poner en marcha un “proyecto secesionista”. En Kirkuk, rica ciudad petrolífera que alberga las segundas mayores reservas petrolíferas del país tras las del sur y donde hay una enorme tensión entre las comunidades, los turcomanos incluso han pedido al gobierno central poder armarse para defenderse.

Mientras haya petróleo…

Sin embargo, el parlamento iraquí no ha logrado adoptar una ley del petróleo que daría un marco a los contratos y precisaría las claves de repartición de los gastos y beneficios de explotación entre el Estado central, las regiones y las compañías. Una de las cuestiones más difíciles es la definición de las reglas de distribución del maná entre el poder central y la zona autónoma kurda. A ello se añaden las dificultades en el conjunto del territorio iraquí concernientes a la explotación de los campos petrolíferos por parte de las compañías extranjeras. En efecto, las primeras pujas que tuvieron lugar el 30 de junio fueron un fracaso.

Todas las multinacionales han rechazado las condiciones iraquíes, a excepción de la británica BP (British Petroleum, que en 2001 se fusionó con Amoco y después con Arco y Burmah Castrol) asociada a CNPC (China National Petroleum Corporation, presente desde Venezuela hasta Perú, pasando por Azeibayán, Canadá, Indonesia, Thailandia, Sudán, Myanmar, Omán, Turkmenistán…), que podrá explotar el yacimiento de Roumaila, el principal iraquí (18.000 millones de barriles de reserva) y el segundo del mundo tras Ghawar (Arabia Saudí).

Pero antes incluso de que Bagdad solucione sus diferencias con las compañías extranjeras, el gobierno regional del Kurdistan iraquí ha considerado que son “anticonstitucionales” los contratos que Bagdad pretende atribuir a finales de mes a las compañías extranjeras para la explotación de seis campos petrolíferos y de dos de gas.

Los kurdos se basan en su interpretación del artículo 109 de la Constitución que “estipula que el gobierno federal, y las regiones y gobernorados productores deben explotar la riqueza petrolífera y del gas para mayor beneficio del pueblo iraquí utilizando las técnicas más avanzadas del mercado y fomentando la inversión”. Además, el 1 de junio el Kurdistán iraquí empezó a exportar su petróleo en un clima de hostilidad con el gobierno federal que niega a su provincia del norte el derecho a firmar contratos sin su aval. A partir de ahora con la explotación de dos campos petrolíferos se enviarán cada día 90.000 hacia el oleoducto que une Kirkuk con el puerto turco de Ceyhan.

Bagdad se niega a reconocer los contratos petrolíferos cerrados por el Kurdistan con las sociedades extranjeras y prefiere contratos de servicio que remuneren a las compañía petrolíferas por barril extraído en vez de un reparto de beneficios sacados de la explotación de los recursos. Muchas cuestiones en suspense que corren peligro de crear problemas entre el Kurdistán y el poder central.

En el centro de estas cuestiones, la anexión de Kirkuk plantea otro problema regional. Los dos principales partidos kurdos, el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de Massud Barzani y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) de Jalal Talabani (que a principios de 2009 se vio sacudido por una crisis interna), nunca han ocultado su deseo de anexionar Kirkuk, que ellos consideran la capital histórica de los kurdos, y algunas localidades de la región de Mosul. Ahora bien, la posibilidad anexión de esta ciudad suscita los temores de la cercana Turquía de ver al Kurdistán iraquí dotado de unos recursos que le permitan a largo plazo establecer las bases de un Estado kurdo independiente. Para Ankara es una situación inaceptable que podría justificar una intervención militar bajo el pretexto de proteger a la minoría turcófona chií (más de 500.000 personas) que vive en la región de Kurkuk y que se opone a que la provincia se una al Kurdistán.

Tampoco los chiíes, sobro todo el “ejército Mahdi” de Moktada al-Sadr, ya reticentes a la idea de un Kurdistán autónomo, no quieren oír hablar de unir Kirkuk al Kurdistán. Lo mismo ocurre con los sunníes para los que esta región debe permanecer en el marco de un Iraq unido. Irán es otro actor regional que ve con malos ojos el reforzar la autonomía del Kurdistán iraquí. Con tantos actores y luchas de intereses es difícil de imaginar un compromiso que sea aceptable para todos.

Abir Taleb escribió este artículo para el semanario egipcio Al-Ahram.

Enlace con el original: http://www.mondialisation.ca/index.php?context=va&aid=14496

Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos, Rebelión.

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